EL CARNAVAL DE VENECIA
Nunca han sido lo mío los disfraces, ni eventos sociales multitudinarios. He sido más de observar, pensar, reflexionar. Nunca hubiera imaginado que descubriría que llevaba puesto uno como el de la fábula del Caballero de la armadura oxidada. Tan rígido, tan de hierro, tan inexpugnable; y lo gracioso es no recordar cuando te lo has puesto. Se va formando de manera tan progresiva y sutil que cuando vienes a darte cuenta, en la treintena, a pesar de la urgencia de nacimiento, sabes que desmontarlo es un camino largo, pieza a pieza, como un puzzle interminable, tan adherido a la auténtica piel que cada vez que quitas una pieza deja una herida de consciencia para después sanar, pero una herida al fin y al cabo, dolorosa. Sobre todo porque cada vez que quitas una de esas partes descubres cómo fue puesta y eso es lo más jodido. Pero ya no hay vuelta atrás, va a ser desmontada en su totalidad porque ya una vez que has visto un poco de luz miras hacia adelante y asusta, pero miras hacia atrás y dices ni de coña.
Descubres que la construiste para protegerte y ahora te das cuenta de que no había nada que proteger, y aunque en ese momento te sirviera, ahora te asfixia.
Por eso quiero dedicar este post a ese niño asustado, a ese niño que en el fondo sentía que era diferente, y aprendió que la diferencia era peligrosa.
Si nadie te lo dijo niño, porque no sabían, te lo digo yo ahora, eres más grande que el Sol, sal y disfruta, sé tú mismo, salta, baila, ríe, llora, que eres libre, no tienes que adaptarte mi ser como nadie. No estás solo, yo estaré siempre contigo. Decide, equivócate que no hay nada de qué preocuparse ni avergonzarse.
¡Pero bueno Antonio, no conocía esta versión tuya! ¿Te digo algo sincero? Me han sorprendido para bien, se nota que no estás escribiendo por escribir, sino intentando entender cosas importantes de fondo.
ResponderEliminarLas metáforas que usas "las etiquetas", "las máscaras", "el Ferrari con frenos de bicicleta", "la estela del barco" (esta es maravillosa, como una forma de no ver el rumbo, pero sí la huella que dejamos), no suenan a copia y pega de textos listados. Parecen herramientas para ordenar experiencias complejas que pesan.
Esos artículos suenan a una revisión honesta de tu propia historia, y eso no es fácil. Menos aún cuando uno ya es padre e inevitablemente se plantea qué quiere mantener y qué quiere transformar (lo digo por experiencia).
En cualquier caso, me parece valiente y auténtico lo que estás haciendo. Sigue escribiendo. Aquí el alma tiene voz propia.
Gracias por compartirlo.
*textos literarios quería decir, no listados.
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